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viernes, 26 de enero de 2018

[CRÍTICA] Mazinger Z Infinity: Más Gô Nagai que nunca



¡Un saludo y bienvenidos a La Bandera de la Libertad!

Hoy estamos con todos vosotros para una nueva entrada especial en la que queremos hablar un poco, como es evidente, de la recientemente estrenada Mazinger Z Infinity. A diferencia de la mayoría de las ocasiones, no queremos presentar una "simple" reseña de la película, sino un artículo de opinión algo más extenso (aunque prometemos que intentaremos no pasarnos demasiado xD), o una "crítica" (no en el sentido negativo de la palabra) si lo queréis llamar así.

Como muchos sabréis, Mazinger Z Infinity es la última producción animada de la legendaria y longeva franquicia, que cumple este año nada menos que 46 años desde la publicación del manga original. Se ha estrenado en Japón hace apenas un par de semanas, y el pasado fin de semana tuvimos la suerte de poder verla en algunos cines españoles gracias a Selecta Visión, que esta vez ha hecho una gran labor logrando este estreno prácticamente simultáneo con Japón (además de un preestreno especial que realizaron a mediados de diciembre). Y dado que nosotros hemos podido ir a verla a uno de esos cines en los que se ha proyectado, creemos que este es el mejor momento para hablar de ella.

De este modo podemos ir tachando títulos de nuestra lista de estrenos más esperados de 2018... Y si sois un poco avispados, veréis que hay más cositas que ya hemos podido disfrutar en estas escasas semanas de año, así que se aproximan más entradas como esta para comentarlos... Pero ahora, ¡PUÑOS FUERA!

Gô Nagai: 50 años de carrera

Go Nagai (1945, Wajima, Ishikawa) es uno de los más importantes autores de la historia del manga, destacado por sus temáticas rompedoras e innovadoras. Todo un enfant terrible de su época, Nagai comenzó su carrera como mangaka contra la voluntad de su madre, pero el legendario Rey del Manga, Shotaro Ishinomori, le daría la oportunidad de convertirse en su asistente tras ver el potencial de sus primeros trabajos no publicados. Fue todavía bajo la batuta del Rey cuando Nagai debutó profesionalmente con el one-shot Meakachi Polikishi, publicado a finales de 1967.

Pero sería 1968 el año que marcaría el inicio de una larga y prolífica carrera. Ese año, la editorial Shueisha decidió lanzar una publicación semanal de manga shonen para tratar de rivalizar con la Shonen Magazine de Kodansha y la Shonen Sunday de Shogakukan, naciendo así la que es ahora la revista de manga más vendida de Japón, la Shonen Jump. Para ello, la editorial contactó con varios autores para que crearan la primera cartera de series para la nueva publicación, siendo uno de ellos el joven Go Nagai. Así fue como empezó su mítica serie Harenchi Gakuen (Escuela Indecente), que marcaría un antes y un después en la historia del manga al ser la primera obra de contenido erótico y, por tanto, la que marcaría el nacimiento del género ecchi

No serían pocas las voces que se alzarían contra el estilo de Nagai y el contenido que imprimía en sus obras, considerado inadecuado para los jóvenes por los sectores más conservadores de la sociedad. Pero nada de eso impediría al autor continuar en su línea, y con los años seguiría creando obras caracterizadas ya no solo por el erotismo, sino también por el alto contenido sangriento. Así, crearía otros dos grandes iconos populares como Devilman (1972-73), considerado de los primeros y más influyentes mangas gore, y Cutie Honey (1973-74), uno de los precursores del mahou shojo (aunque enfocado al público masculino y cargado de erotismo).

En 1972, Nagai comenzaría la publicación de la que sería su obra más reconocida internacionalmente: Mazinger Z, que presentaba el primer robot gigante tripulado desde el interior, dando lugar así al género mecha que tanto caracterizaría posteriormente al cómic y animación japoneses. 

Este año 2018 se celebra en Japón el 50 aniversario de su carrera profesional como mangaka, y entre los eventos que se llevarán a cabo para tal celebración destacan los nuevos proyectos animados de sus tres obras más icónicas: Devilman Crybaby, brillante versión del manga a cargo del genial director Masaaki Yuasa y que ya se ha estrenado en Netflix en todo el mundo; la película Mazinger Z Infinity, como continuación y colofón final a la mítica saga animada del robot gigante más famoso de todos los tiempos; y Cutie Honey Universe, serie aún por estrenar de la que aún no tenemos mucha información. 

Sobre Mazinger Z Infinity

Como decíamos, Mazinger Z Infinity forma parte del gran proyecto de celebración de los 50 años de carrera profesional de Gô Nagai, al igual que Devilman Crybaby y Cutie Honey Universe. Más de 45 años después del inicio de la franquicia que le daría fama internacional a su autor, el Mazinger regresa, esta vez a la gran pantalla.


Pero no se trata de una simple película más de una gran franquicia, como suele suceder cada X tiempo con estas grandes marcas, sino que Infinity se nos presenta como una secuela canónica y directa de Great Mazinger (segunda parte de la saga). Más específicamente, del anime, y no del manga, como podemos observar, por ejemplo, en el aspecto del doctor Juuzo Kabuto en los flashbacks del opening. El diseño del abuelo de Koji fue suavizado en el anime respecto a su siniestro aspecto del manga, y es así como se nos presenta fugazmente en la película.

Juzo Kabuto con su diseño original en Mazinger Z Edición Impacto (izq.)
y con el diseño suavizado del anime en Infinity (dcha.) 

Han pasado varios años desde que Koji Kabuto, Tetsuya Tsurugi y los demás miembros del Instituto de Investigaciones Fotónicas derrotaran finalmente al Doctor Infierno y los Mikene, y es una época de paz para la Tierra. Koji es ahora uno de los principales científicos del Instituto, presidido ahora por Sayaka, con quien mantiene una relación sentimental estancada desde hace tiempo. Tetsuya sigue en el ejército y espera un hijo con Jun, y el doctor Yumi es ahora el Primer Ministro japonés. Pero ahora, una nueva amenaza se alza contra la humanidad...

Más Gô Nagai que nunca

Curiosamente, a pesar de estar planeada como continuación legítima de los animes clásicos, Mazinger Z Infinity recupera toda la esencia y personalidad del manga original de Nagai. Como muchos sabréis, el exitosísimo anime de Mazinger Z siguió un camino mucho más suave, blanco e infantil que el manga que paralelamente dibujaba su autor. Mientras que el anime presentaba aventuras autoconclusivas semanales en las que Koji y el Mazinger derrotaban, una tras otra, a infinidad de Bestias Mecánicas, con un tono muy familiar y para todos los públicos (controversias producidas en la retrógrada España de finales de los 70 aparte), el manga tenía un tono bastante diferente. Aunque seguía estando enfocado claramente a un público joven, Nagai siempre ha sido un autor que no se corta lo más mínimo a la hora de plasmar en sus obras todo lo que quiere y de la forma en que quiere. La sangre (o aceite de motor en su defecto), el erotismo, la fuerte sexualización del cuerpo femenino y la acción brutal y desenfrenada siempre estuvieron presentes en la obra original. Y sí: podemos presenciar todas estas características en Mazinger Z Infinity.

Hasta que vimos esta nueva película, la versión animada que más fiel nos parecía a la esencia original de este controvertido autor era Mazinger Z Edición Impacto (Shin Mazinger Shougeki! Z-hen), pero siendo sinceros, y aunque seguimos considerándola una de las mejores versiones de la obra y una fantástica reintepretación de la misma, hay que admitir que queda algo desvirtuada respecto a la original, pues reelabora toda la historia con nuevos elementos (que dieron lugar, sin duda, a un argumento y personajes mucho más interesantes y complejos). En cambio, Infinity no tiene ese "problema". Infinity es pura y únicamente una continuación de la obra original, trasladando por primera vez a la pantalla en la saga el más puro espíritu de Gô Nagai. Producciones anteriores como la ya mencionada Edición Impacto o Mazinkaiser habían conseguido ese objetivo con bastante acierto, pero creemos que esta película es la definitiva.

El Mazinger Infinity, monstruoso robot cuyo hallazgo desencadena 
los sucesos de la película

Obviamente, los niveles de sangre, brutalidad y erotismo no son tan elevados en este filme como lo puedan ser en otras adaptaciones animadas de la obra de Nagai (como Devilman Crybaby, sin ir más lejos), ya que al fin y al cabo, Mazinger siempre fue la obra más suave del autor. Pero todo eso, aunque de forma más comedida, sigue ahí.

Desde la espectacular escena de apertura de la película ya podemos disfrutar de la más salvaje pelea de Tetsuya a los mandos del Great Mazinger contra una horda infinita de Bestias Mecánicas resucitadas capitaneadas por el Barón Ashura. La acción y la adrenalina continúan a lo largo de la película, especialmente en los últimos compases, en los que podemos gozar de los espectaculares combates de los protagonistas en su intento de detener los planes del Doctor Infierno. Más intenso es aún es el enfrentamiento final entre el Mazinger Z y el Mazinger Infinity, cuyas cotas interdimensionales llegan a recordar al final de Gurren Lagann.

El Great Mazinger se prepara para contrarrestar el ataque enemigo en 
la escena inicial de la película

Tampoco  tarda muchos minutos en saltar a la vista el contenido erótico, bastante concentrado en este filme en el personaje de Lisa, literalmente desde su primera aparición, si bien es cierto que conforme avanza la película va librándose de ello. En cualquier caso, son las MazinGirls, un cuarteto de "animadoras" del ejército cuya única función en la obra es mostrar carnes (o metales, porque incluso sus robots femeninos están sexualizados), las principales representantes de esta dimensión tan habitual en el estilo de Nagai. Curiosamente, y a pesar de que este papel de fanservice recaía originalmente en Sayaka y Jun, en Infinity ambas se salvan casi totalmente de ello (aunque a cambio de quedar muy relegadas en su papel en el argumento, cosa que comentaremos un poco más adelante).

Las MazinGirls y sus robots. Sobran las palabras.

En una película tan fiel al espíritu de su autor no podía faltar tampoco el habitual alivio cómico en los momentos de mayor tensión, y así lo podemos disfrutar también en Infinity. Boss vuelve a pilotar su robot de chatarra, el BossBorot, y con la ayuda de los doctores Sewashi y Nossori del Instituto y su impresora 3D, distrae a las hordas de Bestias Mecánicas enviadas por el Doctor Infierno. Una escena de lo más descacharrante que recupera a los personajes más divertidos de la saga.

El BossBorot y dos de los tres científicos de la serie original
(fieles al anime, el doctor Morimori está muerto en esta película)

Por otro lado, al ser una versión tan fiel al estilo de Nagai, no puede evitar arrastrar consigo los mismos defectos que saltan a la vista en sus obras. Uno de ellos es, como es obvio, el machismo (rayano la misoginia) implícito en su mentalidad, que se traslada también a Infinity, concretado tanto en la sexualización de los personajes femeninos como en el escaso papel de los mismos. A pesar del puesto de alta responsabilidad que ocupa Sayaka en el Instituto de Investigaciones Fotónicas, su presencia en la película es poco más que la de novia de Koji. Uno se pasa media película esperando que la joven se enfunde su traje de piloto y salga a luchar con Diana A (o con una versión renovada de Afrodita A para potenciar la nostalgia), pero ese momento nunca llega, por desgracia. Por su parte, Jun, pese a ser una militar en activo, pasa por la película prácticamente desapercibida a causa de su avanzado embarazo, que le impide también montarse en su Venus A para luchar.

En una línea similar, un autor clásico como Nagai, hijo de su tiempo, no puede evitar plasmar una ideología bastante retrógrada en sus obras. Es constante el bombardeo con el mensaje sobre los valores tradicionales de la familia: "cásate, ten hijos, forma una familia". Ese es el único objetivo vital que deben cumplir los protagonistas, pero sobre todo Sayaka, que debe conseguir que Koji se case con ella pronto o dejarle para buscar a otro que "tenga las cosas más claras" o que "sea más hombre", porque si no se le "pasará el arroz".

Lamentablemente, Sayaka hace poco más que observar en el transcurso
de la película. Ni siquiera como directora del Instituto de Investigaciones Fotónicas
consigue tener un papel realmente relevante en el desarrollo de la trama.

Y finalmente, hay que admitir que argumentalmente la película no se sostiene por ninguna parte. Es muy habitual en el autor el uso (y abuso) de los deus ex machina, y esta no es ninguna excepción. Mazinger Z Infinity es un gran deus ex machina de hora y media de duración: aparecen brechas dimensionales malamente explicadas de las que sale un robot monstruoso, el Doctor Infierno y todos sus secuaces resucitan sin que quede del todo claro cómo (solo se deja entrever que está relacionado con los universos paralelos, pero aun así es una justificación endeble)... Pero la pregunta es, ¿acaso eso importa? Lo cierto es que no, ni lo más mínimo. La película es pura y dura acción sobresustancia, en la que poco o nada importan las justificaciones lógicas o científicas. Y por todo ello, Mazinger Z Infinity es más Gô Nagai que nunca.

Apartado técnico-artístico brillante

Para finalizar, no queremos cerrar esta crítica sin hacer mención a las cuestiones técnicas y artísticas de la película, que avanzamos desde ya que son francamente sobresalientes.

Los diseños de personajes se mantienen sorprendentemente fieles a los del anime original, aunque lógicamente envejecidos unos cuantos años, dado el tiempo transcurrido desde el final de la serie hasta el inicio de la película. Lo más impactante en materia de diseños ha sido la muy acertada forma que han tenido de enfocar el aspecto de los robots. Ya no se componen de grandes mazacotes monocromáticos combinados, sino que podemos ver al detalle las distintas placas, piezas, juntas, etc. que los componen. Esto dota de un grado de realismo inusitado no solo a los Mazinger, sino también a las Bestias Mecánicas. Todo un ejercicio de modernización en los detalles sin alterar en lo más mínimo el aspecto clásico de los diseños.

Todos los personajes clásicos son tan reconocibles como siempre

En lo que a la animación se refiere, Toei ha optado en esta ocasión por combinar la animación 2D tradicional para escenarios y personajes, con 3DCGI para animar a los robots y artilugios mecánicos. En los últimos años, Toei ha demostrado una gran capacidad técnica en sus súper producciones cinematográficas de animación, y Mazinger Z Infinity no es una excepción. La animación CGI es apabullante, extremadamente fluida (no se siente nada pegote, que es el problema más habitual al tratar de combinar ambos tipos de animación), y no desentona nada visualmente con la 2D. Además, esto ha permitido crear unas espectaculares secuencias de acción que probablemente habrían sido imposibles con técnicas más tradicionales.

Espectaculares escenas de acción con una de las animaciones 3DCGI
mejor implementadas que hemos visto hasta ahora

Por último, la BSO no decepciona tampoco. Es intensa, pone los pelos de punta y hace aún más espectaculares las escenas de acción. Por supuesto, destaca el hecho de que hayan conservado el tema principal original de Mazinger Z, todo un golpe directo a la nostalgia que ha resultado muy efectivo.

Atención al detalle del que hacen gala los diseños robóticos.
Fantástica combinación de lo clásico y lo moderno.



En conclusión, Mazinger Z Infinity es un gran homenaje a un gran autor, a una gran carrera y a una gran obra... Y sobre todo, es un último acercamiento a un héroe, una última batalla de un icono del cómic y la animación japonesa. Es la guinda del pastel de una franquicia que la eleva al infinito, logrando así su mejor encarnación. Una película brillante.




Y hasta aquí ha llegado nuestro repaso a esta gran película y conmemoración del 50 aniversario de carrera de uno de los autores más importantes de la historia del manga. Esperamos que os haya gustado y os invitamos a compartir vuestras impresiones sobre la película, si es que la habéis visto ya. Nosotros nos despedimos hasta la próxima, que esperamos que sea pronto, pues tenemos más de un artículo de este mismo palo en el tintero.

¡Hasta la próxima!


domingo, 3 de diciembre de 2017

[CRÍTICA] Hacia la Luz, de Naomi Kawase



¡Un saludo y bienvenidos a La Bandera de la Libertad!

Tras unos días de ausencia por complicaciones personales, estudios y falta de tiempo en general, volvemos a la carga para publicar una entrada muy especial para nosotros que teníamos pendiente desde hace un par de semanas.

Y es que hoy vamos a hablar de la última película japonesa estrenada en las salas españolas, la maravillosa Hacia la Luz, última película de la genial cineasta Naomi Kawase. Pero no se trata en esta ocasión de una reseña normal, sino que hemos querido ir un poco más allá y tratar de expresar las emociones que esta película es capaz de transmitir.

¿Y qué tiene de tan especial todo esto? Básicamente que, a pesar de los limitados estrenos que tiene el cine asiático en España, nosotros tuvimos la gran suerte de poder ir a verla el día después de su estreno, con lo cual ha sido la primera vez que hemos podido ir a ver una película japonesa al cine juntos. 

Sobre Naomi Kawase y Hacia la Luz

Hacia la Luz (Hikari) es la última película de la genial cineasta japonesa Naomi Kawase. Gracias a sus filmes en los que retrata con gran sensibilidad y delicadeza el día a día y la idiosincrasia niponas, Kawase se ha convertido poco a poco en una de las directoras niponas de referencia y más éxito entre el público cinéfilo europeo, probablemente la cabeza más visible del cine japonés contemporáneo en los festivales de cine internacionales junto con Hirokazu Koreeda


Tras el gran éxito de crítica y público que supuso en 2015 Una Pastelería en Tokio, Kawase regresa este año a nuestras salas con la que probablemente sea su obra magna hasta la fecha. Hacia la Luz se estrenó en Japón este mismo año, en el mes de mayo, y este 17 de noviembre llegó a algunos cines españoles distribuida por BTEAM Pictures, tras su paso por el Festival de Cannes, donde compitió por la prestigiosa Palma de Oro en la Sección Oficial. 

"Nada es más bello que lo que desaparece ante tus ojos..."

La visualización de Hacia la Luz en el cine fue para nosotros una experiencia casi mística: las luces se apagan... la genial banda sonora de esta película inunda la casi vacía (y pronto sin el casi) sala de cine... el juego de luces y sombras comienza... Desde ese instante y hasta el último segundo de metraje, Naomi Kawase nos atrapa con su lírica, su narrativa y su magnífica sensibilidad, tan delicada como certera.

Pero vayamos por partes, ya que Hacia la Luz no es solo una joya del drama romántico... no, por supuesto que no. Es mucho más: es una oda al cine, un canto al arte cinematográfico, que debe llegar a todo el mundo por igual... incluso a aquellos incapaces de verlo, pues eso no les impide sentirlo.


Al comienzo de la película observamos una serie de escenas del día a día: una ciudad ajetreada, la gente paseando o yendo a trabajar, haciendo su vida, mientras escuchamos una voz femenina que describe cada objeto y persona que vemos (un coche pasando frente a un grupo de peatones, un oficinista que llega tarde, etc.), todo detallado, como si se tratase de una verdadera audiodescripción para invidentes.

Y es que el argumento de la película se basa precisamente en eso: Misako Ozaki (Ayame Misaki), una mujer joven que trabaja guionizando y locutando audiodescripciones, aproximando el cine a aquellos que no pueden apreciarlo con la vista pero sí con otros sentidos, es la que protagoniza nuestra historia.

Estas escenas iniciales no son solo un perfecto ejemplo de lo que puede lograr una audiodescripción (ya que podrías entenderlas perfectamente con los ojos cerrados), sino que logran plasmar a la perfección la sensibilidad costumbrista del cine japonés de autor, en unas escenas que perfectamente podrían haber salido de la mente de Ozu, Mizoguchi o Yamada, pero no... Son obra de la genial Naomi Kawase, que abre de esta forma un filme en el que despejará cualquier posible duda sobre su enorme talento como cineasta y como heredera de los grandes maestros. Será en estos compases de la película cuando oiremos por primera vez la frase que da sentido a la obra: "Nada es más bello que lo que desaparece ante tus ojos".

Por otra parte, completando el dúo protagonista de una película prácticamente sin secundarios, Masaya Nakamori (Masatoshi Nagase), un hombre de mediana edad con una enfermedad degenerativa que le está robando el sentido de la vista a pasos agigantados. Casi totalmente ciego ya, este antiguo fotógrafo que ya no puede dedicarse a su pasión vive amargado, distante y huraño... un hombre profundamente marcado por su discapacidad y por su pasado como fotógrafo.


Pero no es él el único que vive lastrado por algo, pues nuestra protagonista carga con la responsabilidad de una madre senil en su pueblo natal de la que ya no puede hacerse cargo por sus obligaciones profesionales, pero por cuyo "abandono" al cuidado de otros parece sentirse culpable. 

Pero es el perfeccionismo hacia su trabajo lo que la obsesiona, pues necesita comprender la obra que quiere transmitir al público ciego, a aquellos que solo por el oído tienen que comprender lo que entraña una película. El perfeccionismo de ella y el orgullo por la autosuficiencia a pesar de una minusvalía con la que aún no ha aprendido a vivir por parte de él lo que les termina uniendo. Tal vez la soledad influya en ellos, el caso es que es ese momento donde se empieza a desarrollar un incipiente amor.

La escena...

Aunque pueda parecer difícil escoger una sola escena en una película así, lo cierto es que hubo una en concreto que se nos quedó grabada a fuego en la memoria por la maestría con la que está dirigida (ADVERTENCIA: este apartado puede considerarse spoiler, abstente de leerlo si no deseas más detalles de la película antes de verla y salta directamente al siguiente).

Esta escena nos sitúa en un vagón del metro. Tras encontrarle desorientado en la calle, Misako decide acompañar a Nakamori a su casa. Mientras viajan en el solitario vagón, sentados en silencio, pasamos a ver a través de los ojos del protagonista durante unos instantes. Una bruma blanquecina vela casi toda la pantalla. Tan solo una pequeña apertura por la que se filtran imágenes borrosas constituye la única ventana al mundo del torturado protagonista. Y de repente, una luz. Una luz fugaz de un foco de iluminación del túnel entra por la ventana del vagón. Y nada más. El señor Nakamori pierde definitivamente la escasa visión que le quedaba. Se asusta. Se agarra a la mano de Misako. Llora en silencio.


Es difícil expresar con palabras la potencia lírica que supone que, en una película titulada simplemente "Luz" en su idioma original y cuyo leitmotiv es precisamente la luz, el protagonista masculino pierda la vista entre un fulgor. Ante esta escena no podemos hacer sino rendirnos a los pies de Naomi Kawase.

Pero aunque esa ventana al mundo del protagonista se cierre, la película abre otras. Hacia la Luz no es solo una oda al cine ni un "ensayo sobre la ceguera", como diría José Saramago. No, Hacia la Luz es una obra sobre dos personas que se reconcilian con su propia vida y que comprenden que, a pesar de ser fugaz, es bella. Y así podemos entender plenamente el significado de la frase "Nada es más bello que lo que desaparece ante tus ojos": la vida, en su fugacidad, está constantemente esfumándose ante nuestros propios ojos, vean o no. Y eso es lo que la hace infinitamente bella.

Una película sobre la luz

Como hemos dejado claro, la película tiene un claro leitmotiv, que es la luz. Y esto lo podemos palpar en casi cada escena. El filme muestra un grandioso dominio de la fotografía y la iluminación, combinando en todo momento todo tipo de luces naturales o artificiales que se arrojan sobre los personajes. Son abundantes los contraluces que dejan en penumbra los rostros de los personajes, bien por la oscuridad que mora en sus mentes (como es el caso de la madre de la protagonista, cuyo rostro no se ilumina claramente en ningún momento, pues la claridad de su mente se desvaneció tiempo atrás); bien porque lo que importa no es ver claramente, sino sentir


Las grandiosas dirección y fotografía se ven acompañadas por una hermosa banda sonora, entre la que destaca el tema principal de la película, que curiosamente es en realidad el tema de la película ficticia en cuya audiodescripción está trabajando la proatgonista. Y como ya sucedía en Una Pastelería en Tokio, Kawase vuelve a recurrir a los sonidos ambiente de la naturaleza, la ciudad, las voces de los niños, el viento, etc., dando así mayor naturalidad a la ambientación.

Y en lo que a las interpretaciones se refiere, podemos decir que son otro foco de luz. En cuanto a Ayame Misaki, conocida hasta ahora tan solo por un puñado de papeles secundarios en cine y televisión, hace un muy buen debut como actriz principal en una película que, como hemos comentado antes, se sostiene casi exclusivamente sobre sus dos protagonistas, pues los escasos secundarios son poco más que figurantes con frases (en lo que a peso argumental se refiere, pues tampoco son nada desdeñables las interpretaciones de los actores que encarnan a la directora de la grabación de la audiodescripción y a los invidentes que asisten a las pruebas).


Pero creemos que es Masatoshi Nagase quien se lleva la palma por encima de su compañera. Tras haberle visto parcialmente eclipsado por la brillantez de Kirin Kiki en Una Pastelería en Tokio, Nagase tiene aquí la oportunidad de lucirse y nos ofrece una impecable interpretación con la que nos transmite el desasosiego y frustración que siente un apasionado fotógrafo al perder la luz de sus ojos.





En conclusión, creemos que Naomi Kawase ha sido capaz de ofrecer una clase magistral de cine en su más pleno sentido con Hacia la Luz. No solo ofrece una bonita historia de amor bien interpretada y bien dirigida, sino que además se alza como toda una oda al arte cinematográfico y a un mundo dentro del cine que suele pasar muy desapercibido para la mayoría de la población, como lo es el de las audiodescripciones para invidentes. 

Terminamos recomendando encarecidamente que, si seguís teniéndola en cartelera en algún cine cercano, vayáis a verla sin dudarlo ni un instante. Hacia la Luz es cine con mayúsculas.


miércoles, 2 de agosto de 2017

[CRÍTICA] Ghost in the Shell (2017): "La Máquina Sin Alma"



¡Un saludo y bienvenidos a La Bandera de la Libertad!

Bueno, pues os damos un día más la bienvenida al blog, pero en esta ocasión para algo un poco más especial y diferente a lo que acostumbramos a hacer. Y es que hoy no vamos a hacer exactamente una reseña (ni otro de los formatos similares que utilizamos), sino que esta vez se tratará más bien de una crítica o análisis, más próximo a un artículo de opinión

Como ya es evidente, de lo que vamos a hablar es de la película Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina, adaptación estadounidense de la mítica franquicia de manganime estrenada este mismo año 2017, dirigida por Rupert Sanders y protagonizada por Scarlet Johanson

Ciertamente, es una película que nadie quería y nadie esperaba, pues es bien sabido que hasta ahora nunca ha dado buen resultado eso de que los estadounidenses se apropien de lo que no es suyo al estilo hollywoodiense. Los más pesimistas esperaban un desastre equiparable a la infame Dragon Ball Evolution, y aunque adelantamos desde ya que este Ghost in the Shell está muy lejos de ser semejante descalabro, también lo está de ser verdaderamente Ghost in the Shell.

Póster de la película, que ya da pistas sobre
sus intenciones con el texto que reza sobre el título

Una amalgama de guiños, escenas y personajes de la franquicia japonesa, sobre todo concentrados en la obra maestra de Mamoru Oshii de 1995, una buena forma y un argumento nuevo para rellenar un esqueleto antiguo dan como resultado la casi total pérdida de identidad del título. Y es que esta versión de Rupert Sanders ha quedado como un cascarón vacío, un shell sin Ghost: una "Máquina sin Alma", como hemos llamado a esta crítica en referencia al subtítulo español de la cinta.

La Máquina Sin Alma

Hecha ya la introducción, pasemos ya a la crítica/análisis. Lo primero que queremos dejar claro es que, tras el visionado detenido de la película, acompañado de un par de revisiones concienzudas de la película original de Mamoru Oshii (que ya reseñamos hace tiempo), a la que más se apega la versión de Sanders, queremos presentar una crítica con una tesis muy clara: ¿Por qué Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina no es Ghost in the Shell?

Las comparaciones nunca son el modo más adecuado de valorar grandes franquicias como esta, en las que cada pieza constituye una obra relativamente independiente de las demás y compartiendo solo universo, personajes y esencia. Pero en este caso resulta totalmente imposible no caer en la comparación constante, pues Sanders se dedica sistemáticamente a trasladar a la imagen real casi cada fotograma de la película original de Oshii. Contiene elementos del resto de la franquicia, pero es evidente que la fuente primordial para esta versión estadounidense es la mítica película animada de 1995, considerada por todos una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine.

Pero entonces... ¿cómo puede ser el resultado tan negativo si se apega tanto a la obra maestra de Mamoru Oshii? Sencillamente, porque lo hace solo de forma superficial. Replica los planos, las composiciones de pantalla, los personajes, los escenarios... Sí, pero de forma descontextualizada, vaciándolos de todo su profundo significado. Y esto es lo que iremos desgranando a continuación.

Una estética muy lograda

Lo más conseguido del filme, sin ninguna duda, es su estética y ambientación. Gracias a un detallado trabajo de arte, la película ofrece una fantástica reproducción de una ciudad futurista cyberpunk. Gran parte del diseño de la ciudad está tomada también de la película de Oshii, que a su vez se inspiró en Hong Kong. No obstante, una diferencia importante yace en la mayor viveza, luminosidad y colorido que presenta la versión de Sanders. Hologramas publicitarios por todas partes, neones de vivos colores, detalles de tecnología punta que recargan cada esquina para dejar patente la ambientación futurista.

Una ciudad mucho más tecnológica y colorida que el decadente
aspecto industrial de 1995

Todo esto consigue que las partes más nuevas de la ciudad de la película sean mucho menos apagadas y deprimentes, menos industriales, que las de la película original. En este sentido, Sanders se aproxima más al aspecto que veíamos en Stand Alone Complex. No obstante, en contraste con esas zonas, los barrios pobres u obreros sí que conservan el mismo aspecto cuasidestartalado que ofreció Oshii en los mismos. 

Dejando de lado ya la atractiva ciudad en la que se desarrolla la acción, observamos también un gran trabajo de vestuario, maquillaje y diseños robóticos. Las famosas geishas robot (claramente basadas en las ya aparecidas en Stand Alone Complex y en Innocence), el estilismo, las caracterizaciones de los personajes principales... 

Todo ello son elementos que contribuyen notablemente a construir esa cáscara, esa maquinaria que resulta ser lo único que queda de GITS en la película. El problema será que fracasará a la hora de rellenarla, de dotarla de contenido. 

Argumento "nuevo" y pérdida de identidad...

Argumentalmente, Sanders intenta ofrecer una historia "nueva". Entrecomillado porque es un argumento nuevo en la franquicia de GITS, pues no es la historia de ninguna de las dos películas de Oshii ni de las series Stand Alone Complex ni Arise. Pero en sí, esta historia no tiene absolutamente nada de novedoso. Se limita a presentar un manido argumento hollywoodiense de robo del pasado y/o vida por una entidad malvada (en este caso, una corporación gubernamental) y la búsqueda de venganza personal por parte de la protagonista. 

Se elimina la trama original del Titiritero, y con ello la película se lleva por delante prácticamente todo el trasfondo y la disertación filosófica de la que hacía gala la original. Antes encontrábamos un argumento asentado en la dualidad que representaban Motoko y el Titiritero como dos caras de la misma moneda: la humana totalmente robotizada, deshumanizada, cuyo último rastro de humanidad es su Ghost; frente al programa informático, la inteligencia artificial que adquiere autoconciencia y desarrolla su propio Ghost. De este modo se plantea la gran duda sobre el límite entre el humano y la máquina, sobre qué hace de algo un ser vivo o un ser humano. 

Todo ello desaparece en la versión estadounidense para dar lugar a una simple historia de búsqueda de la identidad perdida y de venganza personal. Hideo Kuze, criminal de la segunda temporada de Stand Alone Complex, es introducido a la fuerza en un papel que no es el suyo, sino que debería pertenecer al Titiritero. Esa dualidad esencial ya no está, dejando paso al encuentro de dos personas que mantuvieron una relación romántica y que fueron separados y cuyas vidas fueron robadas por el Gobierno.

Kuze es extirpado de SAC para ser reimplantado en unas escenas que deberían pertenecer al Titiritero, haciendo que el desarrollo de la película pierda su sentido original

Por tanto, con ese cambio de argumento tan sustancial, toda la esencia de la obra original se desvanece en el aire. Por supuesto, la película no queda totalmente plana, ya que es técnicamente imposible hacer cyberpunk sin ningún tipo de fondo filosófico, pero esta versión de Sanders se conforma con lanzar un mensaje superficial sobre la identidad personal y una ligera crítica al corporativismo para adornar una ciencia ficción mayormente sobresustancia.

... Con escenas calcadas pero sin significado

Y llegamos así al otro punto clave (al menos desde el punto de vista comercial) del filme: la abundante cantidad de escenas y planos calcados de la obra maestra de Mamoru Oshii. Está claro que hay una buena intención de homenaje tras todas estas reproducciones en imagen real de las míticas escenas animadas de 1995, además de servir al mismo tiempo como cebo para los numerosos fans de la película original (no es casualidad que la mayoría de ellas aparecieran en los tráilers). El problema radica en que una buena proporción del metraje se limita a trasladar todas esas famosas escenas de una película a otra, pero por supuesto, tan solo de forma superficial.

Una de las escenas más recordadas de la historia de la ciencia ficción,
totalmente calcada en imagen real

La Mayor lanzándose al vacío con camuflaje termo-óptico, el icónico nacimiento del cíborg, el despertar en la habitación oscura y despersonalizada sobre el paisaje frío e industrial, el hackeo del basurero, la inolvidable pelea con camuflaje en el canal... Destacaremos dos ejemplos en los que es especialmente significativo lo que comentamos.

No podía faltar la escena del salto al vacío con camuflaje termo-óptico,
sello de identidad de la saga

En primer lugar, la escena del buceo y la conversación del barco. Visualmente, esta escena está perfectamente trasladada a la imagen real, e incluso una parte de los diálogos se ha mantenido. ¿Y qué tiene de malo? Pues que lo único que se ha calcado es, nuevamente, lo más superficial. Al igual que en el resto de ejemplos, la composición, los planos, los fondos y los personajes están ahí, pero no la parte más importante: las únicas líneas de diálogo conservadas son la metáfora sobre el buceo, muy sencilla pero efectiva para conseguir un efecto de pseudo-profundidad. Pero el peso de esta escena ideada por Oshii recaía en el monólogo posterior de Kusanagi sobre lo que configura la identidad humana, por supuesto ausente en la americana.

 Misma escena, contenido muy diferente

Y en segundo lugar, tenemos la pelea final contra el tanque araña, punto culminante de la película original, pierde todo su significado en la versión de Sanders. Por un lado, este enfrentamiento final se producía en un museo de historia natural abandonado, donde el tanque destrozaba a balazos los fósiles y el Árbol de la Vida que preside la sala, poderosa metáfora de un mundo futuro y deshumanizado que ha olvidado la evolución natural de los seres vivos en favor del progreso tecnológico. Huelga decir que no es así en la versión estadounidense. Y por otra parte, mientras que en la original esta lucha se salda con Kusanagi forzando su cuerpo mecánico hasta la destrucción para intentar detener al tanque y fracasando como una humana frente a la máquina, Sanders hace que la Mayor, aunque pierda el brazo por el esfuerzo, efectivamente logre destruir el tanque. Hay una diferencia abrumadora entre ambos resultados y creemos innecesario explicarla más.

En ambos casos destroza su cuerpo, pero mientras que en una fracasa como humana
frente a máquina, en la otra tiene éxito como una superheroína de acción 

La culminación del filme tras este enfrentamiento pasa en ambos casos por un cara a cara entre la Mayor y el criminal que ha perseguido durante la película. Pero dado que Kuze no es el Titiritero, tampoco esta escena tiene la profundidad original. La original cierra con la fusión de dos entes que han trascendido su forma original (humana mecanizada de la que solo queda el Ghost e I.A. con autoconsciencia, como ya hemos dicho), que al unirse en un solo ser trascienden una vez más para configurar una nueva entidad superior, con capacidades mayores que las del hombre y las de la máquina. La estadounidense no es más que el último cruce de miradas de antiguos amantes, con un manido "siempre viviré dentro de ti"

Al menos tiene a "Beat" Takeshi Kitano...

Y no podemos finalizar esta crítica sin resaltar lo más atractivo de la película, incluso por encima de su ambientación, de cuyas virtudes ya hemos hablado. El reparto, en términos generales, está suficientemente correcto, desde Scarlet Johanson como la Mayor "Mira Killian"/Motoko Kusanagi hasta Pilou Asbæk como Batou, pero quien acaba acaparando toda nuestra atención gracias a su siempre enorme carisma no es otro que el legendario actor y director japonés Takeshi Kitano (quien prefiere ser referido como Beat Takeshi cuando se habla de su labor delante de las cámaras) como Aramaki.

Beat Takeshi siempre desprende un aura de "aquí estoy yo" a la que no te puedes resistir 

Y es un punto fuerte que el propio Sanders tampoco ignora, pues le da a Beat Takeshi mucha más presencia en la película de la que sería estrictamente necesaria para el personaje de Aramaki. Con su imponente presencia, su interpretación en japonés (sin doblar en ninguna versión del filme, lo cual le da más fuerza y personalidad), su revólver a la antigua y, ¿por qué no decirlo?, su aura de puto amo, Beat Takeshi se come la pantalla con cada aparición.

"No envíes a un conejo a matar a un zorro" 

De hecho, de toda la película, y dejando aparte las reproducciones fieles de las escenas de Oshii, nos quedamos de lejos con ese "Beat Aramaki" deshaciéndose de dos balazos de los asaltantes que le han intentado tender una emboscada en una escena que parece sacada directamente de Outrage (saga dirigida y protagonizada por el propio Kitano). Evidentemente, él solo no puede salvar toda la película, y menos siendo tan solo un personaje secundario, pero la verdad es que hace que gane enteros.

En conclusión...

Con todo este largo texto, que esperamos que no os haya cansado y os haya resultado al menos interesante, hemos buscado reflejar el porqué consideramos que esta película no es en esencia Ghost in the Shell, es decir, por qué es una máquina sin alma

Pero para dejar las cosas claras, queremos decir también que, con todo, Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina no es una mala película. De hecho, nos damos con un canto en los dientes por que al menos haya logrado saldarse como una película de ciencia ficción sobresustancia entretenida, con algunas buenas escenas de acción y buena ambientación. Visto el panorama, nos temíamos que ni siquiera fuera potable como filme, así que algo es algo. La clave es, como decimos todo el tiempo, que siendo una película decente de su género, no es un buen Ghost in the Shell

Y también es cierto que por lo menos sales con un buen "sabor de oído", ya que lo último que oyes en el filme es la voz de Beat Takeshi seguida de los créditos con la impresionante pieza de Kenji Kawai Making of Cyborg, recuperada de la obra de Oshii aunque solo sea para esto.

¿Es recomendable? Como película palomitera de domingo por la tarde, sí, mucho. Como Ghost in the Shell... no mucho, pero al menos tampoco es un desastre, lo cual ya es mucho más de lo que esperábamos la mayoría cuando se anunció la producción.






Y hasta aquí nuestra crítica, que nos ha llevado varios días de visualización concienzuda de ambas películas y de análisis para elaborar una crítica lo más sintética pero completa posible. Quizá nos haya quedado demasiado largo, pero realmente no queríamos hacer aquí una reseña breve como acostumbramos, sino un artículo para opinar más largo y tendido sobre esta película.

Esperamos que os haya gustado, que compartáis vuestra opinión y nos leemos en los próximos días. ¡Un saludo a todos!